FIRMAS: Federico Jiménez Losantos, Isabel San Sebastián, Raúl del Pozo, Erasmo, Carmen Rigalt, Pedro G. Cuartango, Marco Vicenzino,

COMENTARIOS LIBERALES
FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS
El simio crítico
Creo que ya tengo solución para la crisis de despotismo que padecen los partidos supuestamente democráticos y de la que es ejemplo reciente y búlgaro el PP. Tuve la intuición al ver que Soraya no compartía del todo (ahora siempre comparten la mayor parte de lo que sea, pero, extrañamente, no llegó a la ovación conjunta) el relanzamiento del Proyecto Gran Simio que el diputado sociata Granados tuvo que retirar hace un par de años por la rechifla popular. Popular del pueblo llano, claro, pero a la que se sumó el PP con la agilidad simiesca de que entonces hacía gala. Ahora ha aceptado una parte del proyecto monigótico, pero no la he visto felicitarse como suele por los tremendos éxitos parlamentarios que cosecha en lo que realmente interesa a los españoles, que es lo que ya avanzó el centrista Fraga en 1982: el precio de los garbanzos. La política, que no está entre las prioridades de los ciudadanos, para Zapatero. ¿Y por qué estos febriles aspirantes peperos a rama, ramita o esqueje del árbol prisaico no apoyan una cosa tan progre y, seamos sinceros, tan barata como los derechos del simio? Pues porque los sectores críticos de todos los partidos, y muy especialmente los del PP, podrían acogerse a la protección simiesca para cobijar sus maltratados derechos civiles y políticos. El Proyecto Gran Simio defiende la vida y la libertad de cuatro clases de monos: gorilas, orangutanes, bonobos y chimpancés. Por supuesto, faltan monos, acaso porque su ADN no es tan parecido al del ser humano como el del chimpancé, pero eso de proteger la libertad del simio abre una puerta anchísima para la libertad del diputado. El sector crítico pepero podría reclamar la condición de simio para librarse del exterminio rajoyesco cambiando levemente el razonamiento: «Compartimos el 98% de nuestro ADN con los orangutanes -podría decir cualquier diputado díscolo-, ¿y siendo yo tan remono tengo menos libertad?». Grave problema, uno más, para el Tribunal Constitucional: ¿tienen derecho los militantes en minoría de cualquier partido que paste en el Presupuesto a la protección de sus derechos, como bonobos y gorilas?
Yo creo que sí. Los versos sueltos, de cabo roto o de pierna quebrada y en casa pueden hallar una protección legal formidable en el proyecto Gran Simio. Y no sólo los políticos, sino los ciudadanos en general. Octavio Paz tituló uno de sus libros El mono gramático. ¿Respetarían más en Cataluña, Baleares, Galicia o el País Vasco el derecho de los padres a escolarizar en español a sus hijos si se declaran simios lingüísticos? No tengo duda alguna. La ley de normalización del catalán fue avalada por el TC porque los castellanohablantes eran -y son- humanos o subhumanos. Como simios, la cosa cambia.
LA TRASTIENDA
ISABEL SAN SEBASTIAN
Ese centro inalcanzable
Dieciocho años al menos lleva el PP viajando al centro y no termina de llegar. Por más que se esfuerce, cambie de caras, lamine a las guardias que ayer eran de honor y hoy se han quedado viejas, e invente conceptos tan sugerentes como el centro-reformismo aznarista, enmendado en el congreso de Valencia a favor del centrismo marianista consistente en «mujeres y diálogo» (sic), no hay manera de alcanzar ese emplazamiento idílico. Ese kilómetro cero de la democracia en el que todo es talante y los guardianes mediáticos de las esencias le otorgan a uno sus bendiciones en forma de palmadita en la espalda. ¿Será éste el último viraje; la rectificación definitiva? Tengo para mí que no, porque a medida que unos reman, otros alejan la orilla. Y los que marcan la posición nunca han creído en ella.
Los pactos que llevaron a José María Aznar a La Moncloa en 1996 supusieron, entre otras cosas, el blindaje del cupo vasco y la decapitación de Alejo Vidal Quadras, en aras al acercamiento de posturas. Merced a las concesiones de entonces ha desaparecido prácticamente el español de la enseñanza en Cataluña, Baleares, Galicia y muy pronto el País Vasco, nada de lo cual ha bastado para otorgar al PP el ansiado carné de centrista acreditado. Hoy, el muy demócrata PNV está en el secesionismo del plan Ibarretxe mientras la dialogante CiU aboga por el derecho a la autodeterminación, lo que no impide que Rajoy vea en esas formaciones el referente de ese centro fuera del cual todo es tiniebla, y les tienda la mano para hablar de «otras cosas». Las necesarias para alcanzar el poder, que es de lo que se trata.
Si Aznar aceptó su respaldo, si Zapatero se echó en sus brazos y revalidó su mandato ¿por qué no lo va a hacer él? El razonamiento es impecable, aunque incompleto. Falta precisar que el precio sube en cada puja de forma desorbitada, aunque quien debería plantarse paga y hasta da propina. El actual presidente del Gobierno ha crecido a costa de sus socios porque ha asumido su discurso; ni más ni menos. Ahí están el Estatuto de Cataluña, recurrido (¿hasta cuándo?) por el PP ante el Constitucional, o la fallida negociación política con ETA, como pruebas de ese corrimiento del PSOE hacia planteamientos que hace una década eran considerados propios del nacionalismo radical. Como la memoria ciudadana es corta y la influencia de los partidos, poderosa, cada dosis de claudicación aumenta nuestra tolerancia y nos prepara para la siguiente. El que protesta es un «facha», crispador, intransigente, papel que no resulta grato de desempeñar. De ahí que Rajoy haya preferido optar por «el diálogo y las mujeres». Perfecto. Pero que prepare la cartera.
TIEMPO RECOBRADO
PEDRO G. CUARTANGO
Peste liberticida
El nacionalismo en nuestro país está tomando cada vez más una deriva orwelliana, que pretende hacernos creer que lo blanco es negro con total desprecio de la realidad.
Esa ha sido justamente la reacción de la Generalitat de Cataluña ante el manifiesto en defensa del castellano, promovido por un grupo de intelectuales. En lugar de intentar refutar con argumentos sus propuestas, el secretario de Política Lingüística de la Generalitat, Bernat Joan, ha visto «un ataque contra el Estatuto» y «un intento de relegar al catalán a un ámbito puramente folklórico». Joan Ridao, dirigente de ERC, lo calificó de «insulto a la inteligencia» que demuestra que sus promotores «no han salido nunca del microclima castellano».
Difícilmente cabe mayor cinismo en estos planteamientos que, como es habitual en el discurso nacionalista, pretenden convertir la reivindicación de un derecho cívico elemental en un ataque a Cataluña y al catalán.
Por lo visto, exigir que se cumpla el mandato constitucional de poder educar a los hijos en castellano es un insulto. En cambio, imponer el catalán como lengua vehicular, con desprecio a la mitad de la población, es una muestra de pluralismo y democracia. Esto es lo que piensan las cabezas del Gobierno tripartito.
Esta inversión de valores es característica del discurso nacionalista, refugiado en un permanente victimismo para justificar privilegios y atropellos como los que se están cometiendo en Cataluña, el País Vasco, Galicia y Baleares en materia lingüística.
Mi amiga Gloria Lago, impulsora de Galicia Bilingüe, está sufriendo una auténtica campaña de acoso e intimidación por el mero hecho de defender el bilingüismo en esa comunidad. Esta situación la padecen cientos de personas que se han atrevido a enfrentarse a esas políticas de normalización, que no son más que la reactivación de una nueva kulturkampf que no busca el deseable fortalecimiento de los idiomas autonómicos sino la erradicación del castellano.
En un reciente folleto editado por el Gobierno balear, ya se decía muy claro: hay que relegar al español a una lengua que se hable solamente en casa, para lo cual hay que borrar todo signo público de su existencia.
Los mismos argumentos que empleaba el franquismo que prohibía expresarse en catalán son ahora utilizados por gentes como Carod-Rovira, Bargalló y Ridao contra el castellano. E incluso han ido más lejos al crear una policía para penalizar el uso de una lengua que, al parecer, les ofende.
Es evidente que los nacionalistas no tienen ningún escrúpulo en utilizar el idioma para una construcción nacional que es mucho más importante para ellos que los derechos de los individuos. Afortunadamente, la sociedad está reaccionando ante estos intentos totalitarios de modelar las conciencias a través de la lengua, algo muy propio del nazismo, como tan bien analizó Victor Klemperer, que era consciente de que la peste liberticida se propaga a través de la manipulación de las palabras.
ERASMO
Peru/Juanma
Peru Egurbide (61), tal grande periodista: muere en verano. Hermético, taciturno, homérico, socarrón: de Bilbao. A bordo de sus Panamá Jack, ansiaba el Trastevere de noches plácidas, gritonas. Copilotó un caza eurofighter, conjeturó narcos. Y Juan Manuel González, poeta, informador (Efe, Revista Leer), se fue, tan Fígaro, tan Viernes, 13, a edad tan indecente (53). ¿Verso satánico? No. Una sobredosis de solitud. (Rest)
ZOOM
CARMEN RIGALT
Fútbol
Si nos fiamos de los sondeos, la mayor concentración de españoles frente al televisor fue el domingo pasado con ocasión del partido España-Italia: 16 millones de espectadores cuando se lanzaron los penaltis. Cuatro más que en el festival de Eurovisión con Rosa de España, que atrajo a 12 millones de espectadores en el momento de la votación. Mi entorno y yo somos así de previsibles. La gente que pisa la raya de la normalidad coge vacaciones en agosto, fuma puros en las bodas y ve el fútbol por la tele.
Es muy agradecido hacer sociología de mercadillo con los acontecimientos nacionales. He aquí una muestra. Los aficionados al fútbol se dividen en dos grandes grupos: los que miran el lanzamiento de penaltis y los que se tapan la cara. Yo pertenezco a estos últimos. Huyo de los penaltis como de la peste porque se me disparan las arritmias. A ver qué ocurre esta noche. Por si acaso, yo pienso obsequiar a mis amigos con canapés de betabloqueantes.
Las mujeres guardamos viejos rencores hacia el fútbol. La nuestra es una mirada contagiada de reproches de género («por qué, por qué, los domingos por el fútbol me abandonas», decía la canción). Somos, junto con los intelectuales, las bestias negras del fútbol, pero a diferencia de éstos, nosotras intentamos maniobras de aproximación para procurar el equilibrio familiar. Los intelectuales, en cambio, apagan la tele y hacen mofas sobre los chicos en calzoncillos que corren detrás del balón.
La información del fútbol es áspera y poco agradecida, de ahí que los periódicos deportivos sean masivamente devorados por hombres. A las mujeres nos interesan los futbolistas en función de las anécdotas personales que definen su carácter fuera del campo. Y no me refiero tanto a Dani Güiza (pareja de aquella musa de la telebasura que contaba sus orgasmos con Antonio David Flores) como a Iker, Puyol, Fernando Torres o Villa (de quien este periódico contó el pasado fin de semana una deliciosa historia familiar: al bisabuelo lo llamaban Trostki). Bien es verdad que Güiza es un héroe homologable a los toreros de la posguerra («más cornás da el hambre») porque surgió de las chabolas y se ha redimido a través del futbol, pero siempre estará amenazado por el vértigo del dinero (recordemos a Juan José, otro gaditano, ex futbolista del Real Madrid, que se fundió la pasta en dos días). Rozando el área de peligro se encuentra también Sergio Ramos, ídolo de la noche, aficionado a las mises y a los coches deportivos, como tantos otros futbolistas. No es el caso de Puyol (disciplinado y con novia de toda la vida), ni el de Xavi (el rey de Matadepera, que rima con cantera) o el de Iker Casillas, que manifestó en una entrevista: «Yo no soy galáctico, soy de Móstoles».
A todos les define algo, también el brillante en la oreja (Villa) y los tatuajes de Tolkien en los brazos (Torres)
TRIBUNA LIBRE
MARCO VICENZINO
Obama, McCain y Europa
Mientras el presidente Bush se ha despedido recientemente en un último viaje a Europa, durante el que no hubo mayores novedades en el terreno diplomático, los aliados de Estados Unidos esperan con impaciencia la llegada de su sucesor. La cuestión de cuál será el mejor candidato para Europa domina el debate público europeo.
Según las encuestas, la presidencia de Obama sería bien recibida por la mayor parte de los europeos, lo que debería interpretarse como el deseo de un nuevo punto de partida en las relaciones trasatlánticas históricas. Sin embargo, desde una perspectiva substantiva no es muy probable, ni siquiera posible, que tanto el señor Obama como el señor McCain cambien drásticamente las bases fundamentales de las relaciones, que siguen siendo bastante sólidas en lo esencial.
Una parte considerable de esas relaciones está institucionalizada en el seno de unas estructuras, unos tratados y unas reglas de observancia obligada, y de acuerdo con unos valores, unos principios y unas aspiraciones comunes. Aunque ambos lados del Atlántico continúan compartiendo en gran medida unos intereses comunes, en los últimos años se han multiplicado las diferencias sobre la manera de servirlos adecuadamente en los ámbitos de la diplomacia, la seguridad y la economía. Es más, buena parte de las relaciones está impulsada por el sector privado, con enormes niveles de inversiones estadounidenses en Europa y viceversa.
Los escollos principales para las relaciones trasatlánticas subyacen a largo plazo más allá del terreno bilateral, más allá del teatro atlántico de operaciones y más allá de las amenazas tradicionales a la seguridad. Esas dificultades requieren un liderazgo eficaz y responsable y es en este punto en el que el futuro presidente de Estados Unidos puede marcar diferencias importantes. Su competencia, su experiencia y su capacidad para delegar la autoridad en consejeros cualificados y para cooperar con la habilidad necesaria con sus aliados en Europa y en otros lugares del mundo no sólo pueden alterar el rumbo de la política exterior de Estados Unidos, sino que pueden contribuir a configurar un nuevo paradigma global y una nueva arquitectura geopolítica para el siglo XXI.
La capacidad de comprender, de captar y de conceptualizar unas amenazas en evolución es esencial en este proceso. También es crítica la de comunicar y explicar de forma eficaz las implicaciones de esas amenazas a los dirigentes europeos y a sus opiniones públicas mediante la capacidad de persuasión. Tomar la iniciativa y convertir las amenazas en oportunidades supondrán una diferencia fundamental en el enfrentamiento colectivo a estas dificultades.
El nivel de colaboración y de coordinación a escala trasatlántica e internacional en la lucha contra el terrorismo ha demostrado ser muy eficaz en los últimos años. Hace ya tiempo que se ha aceptado que, dentro de un futuro más o menos previsible, Irak siga siendo responsabilidad de Estados Unidos (aunque como preocupación tenga un alcance regional y global), y que no va a suponer ninguna implicación activa de los europeos, especialmente en razón de que la opinión pública sigue siendo hostil.
Antes bien, el futuro de las relaciones trasatlánticas en materia de seguridad estará determinado en gran medida por Afganistán. La necesidad de un compromiso mayor de los europeos, y de una aportación también mayor de recursos, afecta de manera fundamental al éxito futuro de la operación. Además, para posibilitar la aportación de nuevos recursos sigue siendo crucial la necesidad de que los dirigentes europeos piloten y cambien la percepción de la opinión pública sobre Afganistán. Sin un apoyo considerable en los parlamentos, que dependen en gran medida de la opinión pública, los dirigentes europeos van a seguir sin capacidad de maniobra, incluso aún más. La incapacidad general de muchos dirigentes europeos contemporáneos para conectar con sus opiniones públicas complica aún más esta iniciativa
En su última gira por Europa, el presidente Bush no ha dejado ni un solo momento de plantear la cuestión de Irán. A partir de que se instituyera durante su mandato presidencial un marco multilateral para abordar el tema de la capacidad nuclear de dicho país, con la participación de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas más Alemania, el presidente Bush no ha hecho sino reforzar este punto como parte de su legado. El que este marco termine siendo un éxito es una cuestión enormemente incierta en la medida en que este proceso está todavía en marcha. El sucesor del presidente Bush no tendrá más remedio que heredar este proceso de diplomacia multilateral que los dos candidatos han defendido públicamente, sin descartar la insistencia del señor Bush en no excluir la opción militar.
Hasta cierto punto, las sanciones han tenido un impacto en Irán y han demostrado ser algo así como una espada de doble filo. En el plano diplomático, han hecho daño a la imagen de Irán en el escenario mundial, particularmente en los lugares de encuentro de la diplomacia de altos vuelos. Además, las sanciones han tenido un impacto en la confianza del inversor internacional en Irán y han reducido el monto de la inversión extranjera directa y el acceso a capitales, en particular desde bancos internacionales, que se muestran cada vez más reacios a verse envueltos en el mercado iraní. Esto está empezando poco a poco a dejar sentir sus efectos erosionantes en la economía iraní. Aunque las inversiones procedentes de otros lugares del mundo en vías de desarrollo (China y la India) puedan aliviar en cierta medida las dificultades económicas, esas inversiones no bastan para compensar las inversiones de capital occidental y sus conocimientos tecnológicos, que Irán necesita sobre todo para mantener y desarrollar su sector energético, actualmente en dificultades.
La incertidumbre sobre la resolución de la cuestión nuclear de Irán, sea diplomática o militar, o de cualquier otra índole, sigue infundiendo miedo en los mercados internacionales. La declaración del viceprimer ministro de Israel sobre la inevitabilidad de un ataque a Irán ha producido conmoción en todo el mundo y ha originado un nuevo incremento de unos precios del petróleo que ya estaban altos. Por las calles de Oriente Próximo y en muchos lugares del mundo musulmán, las sanciones le han granjeado al señor Ahmadineyad admiración y respeto. Al hacer alarde público de su desafío a la comunidad internacional para defender el prestigio y los intereses nacionales de Irán y el orgullo de un mundo musulmán aún más amplio, el señor Ahmadineyad ha aprovechado con mucha astucia las sanciones al régimen para reforzar su popularidad a nivel internacional y dentro de su propio país, en preparación de las elecciones del año 2009 en Irán. Al centrarse en las cuestiones nucleares, el señor Ahmadineyad está tratando de apartar la atención de la opinión pública de la fuente de los auténticos problemas del país, esto es, de la incompetencia del señor Ahmadineyad y de su mala gestión de la situación económica.
Yendo más allá de las amenazas tradicionales a la seguridad, el declive relativo, nunca total, de las relaciones trasatlánticas no debe dar lugar al alarmismo, al populismo o a la xenofobia. Debería aceptarse como un proceso evolutivo natural que refleja las realidades globales contemporáneas. No obstante, eso no significa simplemente darse por vencido o someterse al auge de unas nuevas potencias regionales y globales. Será más bien un reto y una responsabilidad del futuro presidente en el ámbito trasatlántico trabajar incansablemente con los dirigentes europeos para mantener al mundo en vías de desarrollo, particularmente a China y la India, dentro de un marco multilateral, gobernado conforme a normas legales, de instituciones y estructuras internacionales que promuevan la estabilidad y el orden mundiales.
De común acuerdo con los aliados europeos, el futuro presidente deberá ponerse al frente de la lucha por la mejora de los métodos de gobierno y en contra de la corrupción en el seno de la comunidad internacional, particularmente en el mundo en vías de desarrollo y, más específicamente, en el continente africano. En Africa, las crecientes inversiones chinas y su también creciente influencia están ofreciendo enormes oportunidades económicas al continente. Además, con sus métodos de ayuda y de inversión están dando pábulo a posibles amenazas en forma de corrupción y de falta de transparencia y responsabilidad. El sucesor del presidente Bush debe cooperar con los dirigentes europeos para contribuir a corregir dichos métodos.
Afrontar la cuestión del cambio climático ofrece una oportunidad para una mayor cooperación trasatlántica en la medida en que ambos candidatos defienden un compromiso más activo con Europa y con la comunidad mundial. La histórica cumbre de Copenhague sobre cuestiones ambientales en el año 2009 proporcionará al nuevo presidente la oportunidad de tomar la iniciativa. En todo caso, la posibilidad de afrontar el cambio climático de manera eficaz a largo plazo estará condicionada en último término por la participación indispensable de China y la India, así como de otras potencias regionales, en este proceso. No debe sumárseles simplemente sobre el papel, sino mediante un acuerdo concertado y una puesta en práctica también concertada de lo acordado.
Ningún futuro presidente va a estar en condiciones de abordar unilateralmente otras cuestiones críticas y en permanente evolución, tales como la seguridad energética y alimentaria, la reducción de la pobreza, la corrupción endémica que entorpece el desarrollo económico en el mundo en vías de desarrollo, las catástrofes naturales y la prevención de las catástrofes causadas por el hombre, lo que guarda relación con el controvertido tema de la responsabilidad de protección, en especial para impedir las atrocidades masivas, tanto si han sido causadas intencionadamente como por negligencia o descuido. El caso reciente de Birmania constituye un claro ejemplo. Son estas cuestiones en las que generalmente convergen los puntos de vista y los intereses trasatlánticos y que requieren un liderazgo global.
Los señores McCain y Obama no pueden permitirse hacer diferencias entre una vieja Europa y una nueva Europa ni estimular esas diferencias para obtener réditos políticos a corto plazo. El nuevo presidente debe proceder de manera proactiva sobre la base de la cooperación con una Europa unificada a fin de consolidar una voluntad colectiva con la que hacer frente de manera multilateral a estos problemas fundamentales y cimentar una capacidad colectiva desde la que poner en práctica las acciones necesarias que, en último término, determinarán el futuro de la alianza trasatlántica y la estabilidad global.
Marco Vicenzino es director del Global Strategy Project, con sede en Washington (Estados Unidos).
EL RUIDO DE LA CALLE
RAUL DEL POZO
Las mulatas
Dicen que la mulata es el mejor invento español, pero eso es una canallada. Cristóbal Colón llevó en su segundo viaje la caña de azúcar desde Canarias; para contratar braceros y esclavos, las esposas de los criollos les sopesaban los huevos en el mercado y luego se lavaban las manos en una palangana. La recole-cción del café y de la caña, el nacimiento de los mulatos, fue consecuencia de la explotación sexual y laboral. Eran 40.000 látigos de cuero de vaca contra un millón de esclavos a los que condenaban a muerte si robaban una gallina.
Me acuerdo como si fuera hoy: corría el año 1989, volvía yo con Tito Fernández en el autobús de los canis, tiesos como garrotes, y vimos una pandilla de mulatos en la Plaza de España. Y entonces Tito comentó: «Acúerdate de lo que te digo: dentro de 15 años habrá un alcalde negro en Madrid». Tito palmó en Ronda; han pasado desde su profecía más de 15 años y no hay ni siquiera un negrata de concejal. Pero la salsa está anegando al chotis. A La Movida se incorporó con fuerza el son del Caribe. Los chiringos y los baretos se llamaban Cheyene o Reina de Cuba. América nos ha devuelto la visita, con su melancolía de ríos arteriales. Ahora mismo, cuando escribo, aún puedo ver a una mulata de pelo crespo y a cuatro albañiles negros con nariz como nudo de cobbata y color de calco, diría Tito; atraviesan la Plaza de Castilla, bajo las Torres KIO, y se dirigen hacia las Cuatro Torres; entonces pienso que Madrid en verano, sin familia y con dinero, ya no es Baden-Baden, sino un espejismo de Nueva York. Digo espejismo porque era una alucinación que este poblachón estepario se hubiera transformado en la ciudad de la libertad europea. Habíamos llegado a imaginarlo. La mulata que camina no es Jeanne Duval, trigueña de sonrisa triunfal, pero sí le da a mi barrio aire neyorquino. Chicas trabajadoras de todas las razas y confines, caminando como reinas desde la barra a la mesa, o llevando soperas o auxiliando a los puretas; pagan la Seguridad Social, han contribuido al milagro español. Pero hay plan de retorno para emigrantes; a Caldera le sucedió Corbacho, que prepara el éxodo del éxodo desde la España multiétnica y triunfal.
A ZP le acusan de no haber dicho la verdad durante la campaña electoral, ocultando la ruina que se escondía debajo de las tramoyas de los mítines. Es que ha aprendido de su escritor de cabecera que decir siempre la verdad es una pedantería. Hay tres crisis en el mundo: la financiera, la de los alimentos y la del petróleo. A nosotros y a ZP nos ha caído en todo el alto, además, la crisis del ladrillo. Y cada vez habrá menos casitas azuladas, rosadas y anaranjadas de los antillanos y los ecuatorianos, habrá menos mulatas en las afueras del corralón.
Etiquetas: Firmas





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