EL REVÉS DE LA TRAMA
Otra finta nada más
JUSTINO SINOVA
Zapatero no quiere un pacto, quiere una tapadera. Si hubiera querido un pacto para luchar contra la crisis, habría llamado a Rajoy y se lo habría propuesto sin esperar a la escena parlamentaria que ha montado esta semana. Incluso sin llamada previa, si lo hubiera querido lo habría planteado en el Congreso sobre contenidos concretos: «Mire usted, debatamos un acuerdo sobre un nuevo contrato laboral, la utilidad de subir o bajar impuestos, sobre cómo ahorrar gasto, qué hacer con las pensiones… Aunque los sindicatos se subleven». Pero no lo ha planteado así porque odia ceder ante el Partido Popular su dogmatismo con la crisis, que pasa en menos de 24 meses de negar su existencia a calificarla como la más grave de los últimos 80 años, ahí es nada. Lo que quiere es que el Partido Popular le cubra las espaldas y las vergüenzas. En el Congreso no se vio el martes al Zapatero de otras veces. Aunque se creció al final, allí acudió un político noqueado por un problema que le ahoga. La crisis le ha superado y, en vez de aplicar medidas valientes, enérgicas e impopulares -jugársela al fin y al cabo, que es lo que se espera de un jefe de Gobierno-, busca refugiarse entre las faldas de la oposición. El debate político está tan pervertido que se exige a la oposición los remedios que hay que requerir al Gobierno.
- Es que no conocemos las medidas de la oposición.
- Usted perdone, pero lo que necesitamos conocer es las medidas del Gobierno.
(Aparte de que todo el que ha querido enterarse sabe lo que haría Rajoy si gobernara).
Ahora, el partido de Rajoy debe acudir a la llamada de la comisión para el pacto (último invento zapateril que posiblemente acabará como los artificios de Napoleón: es a él a quien se le atribuye la confidencia «cuando quiero que un problema no se resuelva, creo una comisión»), debe acudir por si suena la flauta y aparece por allí un partido gubernamental con intención sincera de alcanzar un pacto en bien del país.
Pero que el PP se tiente la ropa. La actual legislatura está acabada aunque falten aún dos años para que termine (si esto fuera baloncesto, diríamos que estamos en los minutos finales de la basura, minutos que van a parecer una eternidad) y el objetivo de Zapatero es obtener oxígeno mediante el enredo de los demás en su naufragio. Si Zapatero empezó su inesperado mandato hace seis años promoviendo un pacto para la exclusión social y política del PP -un pacto escrito que debería avergonzar a sus firmantes y del que el PP logró recuperarse contra muchos pronósticos-, ahora trata de arruinar sus expectativas de futuro implicándole en su fracaso político frente a la crisis.
Eso es lo que significa la finta de Zapatero disfrazada de llamada para un pacto. No estoy diciendo que no sea útil un pacto sincero; estoy diciendo que el pacto planteado no es un pacto sino una trampa, mediante la que se quiere transmitir la ficción de que se lucha contra la crisis económica cuando, en realidad, se trata de maquillar la crisis política que atenaza a Zapatero. Actuando con inteligencia y con astucia, el PP ayuda a este país, que necesita que al menos quede una alternativa creíble al fiasco de un jefe de Gobierno que ha agotado ya hasta las ocurrencias
UN PAÍS EN CRISIS / Malas perspectivas
El Banco de España empeora los datos que ofreció Zapatero
Prevé una caída del PIB del 0,5% en 2010, lo que excluye la creación de empleo neto anunciada por el presidente / Dice que la deuda subirá 12 puntos y llegará al 67% del PIB
CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO
Madrid
Jarro de agua fría al renovado optimismo de Rodríguez Zapatero. Según el Banco de España, la economía española caerá en 2010 aún más de lo que prevé el Gobierno. Es decir, más de lo que el secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, anunció a los inversores extranjeros en su exitosa presentación en Londres. El Ministerio de Economía prevé para este año una caída del PIB del 0,3%. Sin embargo, el Banco de España situará ese descenso en el 0,5%.
Ésa es la previsión del supervisor financiero, que fue adelantada a EL MUNDO por fuentes de toda solvencia y que se hará pública el próximo mes de marzo. El dato es casi coincidente con el más pesimista realizado hasta ahora por el organismo internacional fiscalizador por excelencia: el Fondo Monetario Internacional proyectó el pasado 26 de enero para la economía española un crecimiento negativo del PIB del -0,6%.
En el debate económico que tuvo lugar el pasado miércoles en el Congreso de los Diputados, Rodríguez Zapatero volvió a insistir, en su réplica a Mariano Rajoy, en que «la recuperación está cerca». Y añadió: «En el segundo semestre de 2010 volverá el crecimiento, y a final de año se recuperará el empleo».
Como veremos, el servicio de estudios del Banco de España es bastante más realista.
Algunos datos apuntan, según fuentes del Gobierno, a un primer trimestre con crecimiento positivo, lo que significaría salir de la recesión después de casi dos años. Citan, por ejemplo, el crecimiento intertrimestral del 0,3% del consumo de las familias en el último trimestre de 2009, así como la inversión en bienes de equipo (que creció un 3,1% también en ese mismo periodo). El Instituto Nacional de Estadística dio a conocer esos datos esperanzadores el miércoles, justo el día del debate en el Congreso.
La tesis optimista, la que maneja el presidente del Gobierno, se basa en la perspectiva de un crecimiento moderado del PIB («tal vez un 0,1%», dice una fuente) en el primer trimestre de este año, y un incremento aún mayor en el segundo («0,2% o incluso algo más», dice el mismo medio), como consecuencia del adelanto de facturación del IVA para eludir la subida de este impuesto que entra en vigor justo a mitad de año. Es decir, un dato contable, pero que serviría para crear un efecto de consolidación de la salida de la recesión. Eso es lo que da pie al presidente para decir que en el segundo semestre la economía española va a tener ya una velocidad de crucero suficiente como para que se comience a crear empleo en el tramo final del año.
En opinión del Banco de España, las cosas no van a ser tan dulces. Todo lo contrario.
Durante el primer trimestre, España podría seguir en recesión. En primer lugar, porque el largo y duro invierno está teniendo efectos negativos no sólo en España (el paro de enero es una prueba de ello), sino en toda Europa, lo que va a lastrar el efecto que sobre nuestras exportaciones tendría un crecimiento sostenido en la zona euro. El dato de crecimiento cero de Alemania es francamente decepcionante. El gasto público no va a tirar de la economía y el consumo privado no apunta bien en el primer mes del año.
Para el segundo trimestre, en el Banco de España se piensa que, en efecto, la entrada en vigor de la subida del IVA podría tener un «efecto adelantamiento» en la economía que podría dar como resultado un moderado crecimiento (nunca superior al 0,2%). Sin embargo, esa salida de la recesión será flor de un día, ya que el tercer y el cuarto trimestre del año presentan un perfil claramente negativo, según el banco emisor. La desaparición de los estímulos fiscales y la subida de impuestos tendrán consecuencias depresivas para el consumo.
Esa visión es la que lleva al banco central español, cuyo servicio de estudios está considerado como el más reputado del país, a prever para el conjunto del año una cifra de crecimiento del PIB desalentadora para el Gobierno: un -0,5%.
La previsión del Banco de España sobre el déficit para 2010 era, hasta hace un par de semanas, igualmente desoladora para el Ejecutivo. La entidad, a cuyo frente se encuentra el socialista Miguel Ángel Fernández Ordóñez, preveía para este año un desajuste de las cuentas públicas ligeramente superior al 11% sobre el PIB (es decir, casi el mismo que el de 2009).
Sin embargo, esa cifra está ahora en revisión por la decisión del Gobierno de recortar el gasto este año en 5.000 millones. Finalmente, el déficit podría quedar situado en torno al 9% del PIB, dijeron fuentes solventes.
Otro varapalo del Banco de España al optimismo del Gobierno se concreta en la previsión de deuda sobre el PIB. Según los datos que aportó Campa a los inversores en Londres, este año la deuda española sobre el PIB se situaría en el 65,9%. El Banco de España estima que la deuda alcanzará durante este ejercicio el 67% sobre el PIB, lo que significa un crecimiento de 12 puntos sobre el porcentaje de 2009. Todo un récord.
Por supuesto, con ese panorama la cifra de paro se moverá entorno al 19%: es decir, que el desempleo no bajará de los 4 millones. Por tanto, no habrá creación de empleo hasta 2011, como mínimo.
La previsión del Banco de España no se diferencia mucho de la que ha hecho otro de los servicios de estudio más solventes del sector financiero: el del BBVA. Para esta entidad, el PIB caerá entre un 0,5% y un 0,8% en 2010. Este año, dijeron fuentes de la citada entidad bancaria, «es muy complicado a la hora de hacer previsiones porque hay una gran incertidumbre no sólo en España, sino a escala internacional».
España se la juega en 2010. Para el Banco de España, la credibilidad de nuestro país estará en función de si se cumplen o no los compromisos de reducción del déficit público.
Por el momento, los mercados han recibido bien el mensaje del Gobierno de que hay que recortar el gasto. Pero, a partir de ahora, van a mirar con lupa si se cumplen o no los planes de ajuste.
Si a lo largo de este año el Ejecutivo logra reducir el déficit en línea con la propuesta de alcanzar el 3% del PIB en 2013, la deuda no será castigada por los mercados financieros. España sigue siendo uno de los países más solventes del mundo. Sin embargo, si esos compromisos no se cumplen, el diferencial y la prima de riesgo castigarán nuestra deuda y dificultarán aún más la financiación del déficit.
Zapatero necesita, por tanto, un gran acuerdo político para hacer creíble su compromiso. Si se conforma con aplicar el maquillaje, la economía española sufrirá todavía más
UN PAÍS EN CRISIS / La estrategia del Gobierno
Pepiño abre la 'negociación' denunciando 'el egoísmo y la codicia' del líder del PP
Los asesores de Presidencia creen que Zapatero debe convocar ya al líder del PP
MARISA CRUZ
Madrid
Algo no cuadra. Zapatero crea una comisión para buscar el pacto entre los grupos políticos y uno de sus comisionados, el ministro de Fomento, la estrena reprochando a Rajoy su «egoísmo» y su «codicia». El PP contestó acusando a Blanco de ser como «el doctor Jekyll y mister Hyde: hombre de Estado de día y dóberman de noche».
El ministro de Fomento afirmó ayer en declaraciones a Onda Cero que estas dos actitudes de Rajoy «chocan frontalmente» con el esfuerzo colectivo por salir de la crisis.
Por la tarde, el vicesecretario de Comunicación del PP, Esteban González Pons, exigió a Blanco que retire los «insultos» si quiere que el PP aporte «soluciones» en la comisión.
Entre el cruce de piropos surgió la voz del presidente del Gobierno quien no sólo dijo que se «alegraba» de que el PP esté dispuesto a acudir a la convocatoria de la comisión negociadora, sino que además aprovechó para hacer un nuevo llamamiento a la «responsabilidad de todos a la hora de poner el interés general por encima del particular».
Y a él se sumó la vicepresidenta segunda, Elena Salgado, quien telefoneó al propio Rajoy por la tarde para explicarle cómo funcionará la comisión ministerial. Tras la conversación aseguró que el líder de la oposición se había mostrado «muy correcto e interesado».
Y todo esto se superpone a la opinión de algunos de los asesores más próximos al presidente, que se muestran convencidos de que éste debe convocar cuanto antes al líder del PP a La Moncloa.
Ahora, después de que Zapatero haya lanzado su oferta de pacto amplio a las fuerzas políticas para impulsar la salida de la crisis, el equipo del presidente cree que el efecto político de su propuesta debe completarse y visualizarse con un intento de acercamiento a Rajoy.
Suceda lo que suceda en dicho encuentro -y aquí las opiniones están divididas entre quienes creen que todavía, en un cara a cara, puede encontrarse algún punto de conexión, y quienes lo ven totalmente imposible-, las derivadas del mismo jugarán en favor de la posición de Zapatero, que es quien ha tomado ante la opinión pública la iniciativa de ofertar acuerdos.
Así, todo parece indicar que el teléfono funcionará entre Moncloa y Génova para concertar una cita inminente. La duda es si conviene que ésta se produzca antes o después de que la comisión ministerial integrada por Salgado, Blanco y Sebastián celebre -el próximo jueves- su primera reunión con los representantes de los grupos políticos para presentarles el documento sobre el que pretenden negociar un plan de relanzamiento de la economía y el empleo.
Ayer, Salgado, cuando fue preguntada sobre la posibilidad de un encuentro a solas entre Zapatero y Rajoy, se limitó a recalcar que el presidente «está absolutamente implicado en los grandes acuerdos que se quieren conseguir».
El PP, pese al rechazo al pacto que expresó su líder en el Congreso, ya ha anunciado su disposición a acudir a la cita. El Gobierno desea, tal y como señaló ayer Salgado en La Moncloa, que las personas designadas por los grupos para asistir a la primera reunión plenaria sean «representativas». No obstante, también precisó que el Ejecutivo no pone en este sentido ninguna condición previa. En el caso del PSOE, será el portavoz parlamentario, José Antonio Alonso, quien acudirá.
La vicepresidenta segunda explicó que tras la reunión plenaria del jueves, los trabajos de la comisión continuarán en formato bilateral. Tal y como precisó Zapatero, las conversaciones y la consecución de acuerdos debe ser rápida. Los resultados deben estar sobre la mesa «en un plazo máximo de dos meses».
Las reuniones de la comisión ministerial con los representantes de las fuerzas políticas no se celebrarán en el Congreso de los Diputados como se suponía, sino en un edificio del Ministerio de Fomento situado en la calle de Zurbano, en el centro de Madrid.
El método de la comisión
>Primera cita. La comisión se reunirá con los representantes de los grupos políticos el jueves 25 a las 9.00 horas para presentar el documento base sobre el que se negociará.
>Reuniones bilaterales. Durante dos meses, se celebrarán sucesivos encuentros de carácter bilateral y contenido más técnico.
>La sede. Las reuniones no se convocarán en el Congreso sino en un edificio del Ministerio de Fomento, en la calle de Zurbano.
«Si quieres que algo se pudra, mételo en un cajón o crea una comisión»
Rajoy fija una estrategia de desgaste contra Zapatero para los dos próximos meses
CARMEN REMÍREZ DE GANUZA
Madrid Los populares, en general, impotentes e impacientes; su presidente, en particular, impasible e inmutable. Así se mostraron ayer los pesos pesados del principal partido de la oposición en la resaca del último gran debate económico. Un cara a cara sobre el que, pese a gozar de dos buenas encuestas, ni el propio Rajoy se atrevió a declararse ganador, y que los suyos apuntaron, como uno más, a la ya larga lista de una monotemática legislatura.
Dos dirigentes, Javier Arenas y Esperanza Aguirre, salieron ayer a pasear la bandera de las elecciones anticipadas «cuanto antes» y como «único» recurso frente a la inmovilidad del Gobierno y la falta de instrumentos de la oposición. Ambos pusieron ayer cara al grueso del partido -con María Dolores de Cospedal a la cabeza-, que aún antes del debate demandaba el pronunciamiento urgente de los españoles sobre los dos modelos para salir de la crisis, y un emplazamiento político directo frente a Rodríguez Zapatero. Pero Rajoy -ayer en presencia de la propia presidenta de la Comunidad de Madrid- volvió a desmarcarse.
Por dos veces contestó a la prensa de la misma manera: «Mi posición quedó clara ayer. Esto debe cambiar. Y sólo hay tres alternativas: una rectificación en toda regla, en la que no creo; una convocatoria de elecciones, que no va a adelantar, o un cambio de presidente, que ellos tampoco van a hacer. Pero ninguna de ellas me compete a mí, sino al Gobierno».
El mismo argumento esgrimió Rajoy para una eventual cuestión de confianza por parte del Ejecutivo que ni siquiera él contempló la víspera: «Yo no estoy para plantear retos», llegó a decir.
En cuanto a su propia facultad de presentar una moción de censura, si en el debate la rechazó con la confesión explícita de su falta de votos, ayer dijo que, frente a las tres alternativas señaladas, «no sería útil»: «El debate duraría 24 horas y al día siguiente estaríamos en la misma situación», afirmó el presidente del PP.
Ése es, justamente, el balance que, según muchos de sus propios parlamentarios, dejó el cara a cara del miércoles, pese a que Rajoy había puesto todos los huevos de su estrategia en esa sola cesta. Sin embargo, el presidente del PP se mostró ayer muy lejos de estar arrepentido. Pese a rehuir expresamente la oportunidad de declararse ganador y limitarse a afirmar que expresó «el deseo y el sentir de muchos españoles», Rajoy creyó haber logrado evidenciar que «así no se puede seguir». Más aún, y sin mover un ápice su guiño a los socialistas para que removieran a Zapatero, ayer afirmó que «hay muchos dirigentes, militantes y votantes del PSOE que no están de acuerdo con Zapatero y la exigencia de un cambio es un clamor».
Así, y pese a que desde su propio equipo se admite que Zapatero ha vuelto a tomar un poco de oxígeno gracias a CiU y el fantasma de los pactos, él está convencido de haber hecho mella en su creciente erosión. Y ello le ha afianzado en su estrategia de incidir en el desgaste; al menos durante los dos meses que el presidente del Gobierno ha dado de plazo a la comisión negociadora.
Antes de que ayer se constituyera, Rajoy no la rechazó -«el PP va donde le llaman», afirmó-, pero sí la despreció por completo. «Ya se sabe», dijo, citando a Napoleón: «Cuando quieres que algo se pudra, mete los papeles en un cajón o crea una comisión». Una «manera de retrasar la decisión de gobernar» o de «marear la perdiz»: ése es el sentido que para Rajoy tiene este nuevo foro al que ayer descartó entregar documento alguno y al que ni «se ha planteado» qué interlocutores mandar.
UN PAÍS EN CRISIS
Alonso denuncia «cerrazón» en el PP
El portavoz del PSOE sigue su ronda para buscar acuerdos básicos con PNV, ERC e IU
LUIS ÁNGEL SANZ
Madrid El portavoz socialista en el Congreso, José Antonio Alonso, continuó ayer su ronda de contactos con todos los grupos para alcanzar acuerdos para salir de la crisis. Tras su encuentro con los portavoces del PNV, ERC e IU-ICV, Alonso sólo vio «cerrazón» en el PP y destacó «una actitud positiva» en todos los demás, a pesar de que los nacionalistas vascos y los diputados de la izquierda criticaron al Gobierno y al PSOE.
Al igual que el martes en la reunión con CiU, los encuentros que mantuvo ayer se quedaron en meros intercambios de intenciones de tratar de llegar a acuerdos, sin compromisos concretos. El portavoz socialista tuvo además que explicar cómo se va a combinar esta ronda con la que va a iniciar el Gobierno.
Alonso explicó que había apreciado una actitud positiva en las fuerzas parlamentarias y denunció una «excepción notable», la del PP, al que criticó su «cerrazón», a pesar de que no se ha reunido con su portavoz, Soraya Sáenz de Santamaría, a la que ha dejado para el final buscando que, mientras, se rebaje la tensión.
El PSOE pareció ayer querer limitar los acuerdos que busca en el Congreso a la Ley de Economía Sostenible y al Pacto de Toledo, que garantiza el futuro de las pensiones.
Los portavoces de los tres grupos que ayer se reunieron con él fueron más o menos críticos, pero en general se mostraron dispuestos a llegar a acuerdos. Gaspar Llamazares y Joan Herrera, de Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya-Verds (IU-ICV), marcaron una «línea roja» que no están dispuestos a traspasar: que los ajustes que quiere impulsar el Gobierno afecten a las pensiones o a los sectores menos favorecidos. Llamazares lamentó que no parece que el Gobierno «busque un acuerdo de izquierdas». Por el contrario, planteó que el Ejecutivo busca «un ajuste quirúrgico» más próximo a los postulados de la derecha, con retrocesos en las pensiones, privatizaciones y restricción del gasto social. Ahí, dijo, no encontrará el apoyo de IU-ICV.
El portavoz del PNV, Josu Erkoreka, se mostró «abierto» a llegar a acuerdos, pero añadió que su partido «no suscribirá contratos incondicionales de adhesión». «Si el Gobierno busca un palanganero que le salve la vida que no venga hacia nosotros», advirtió en tono duro. Por eso, puso dos condiciones a la negociación: «Seriedad en los planteamientos y lealtad en la estrategia». Erkoreka calificó además como «sorprendente» que el Gobierno y el PSOE estén ahora buscando acuerdos en dos ámbitos diferentes y en dos procesos paralelos -en la comisión del Gobierno y en el Congreso-.
Joan Ridao, de ERC, también se mostró abierto a discutir y a pactar medidas que saquen a España más rápidamente de la crisis. Pero ante la inconcreción de los planteamientos de ayer, pidió que esa negociación «sea real y no balsámica para sedar a la oposición y entretenernos».
UN PAÍS EN CRISIS / La crítica del ex presidente
Aznar: «Zapatero es el jefe de los pirómanos»
Oviedo El presidente de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (Faes), José María Aznar, cuestionó ayer la capacidad de Zapatero para reclamar consensos porque, dijo, «el jefe de los pirómanos no puede ser el capitán de los bomberos y España necesita un equipo de bomberos».
Un día después del debate económico en el Congreso, Aznar añadió que Zapatero «ni tenía ni tiene convicciones para ser presidente, ni buen equipo, ni una política acertada» para conseguir afrontar la crisis.
Aznar se pronunció así en una «accidentada» conferencia impartida en la Facultad de Económicas de la Universidad de Oviedo ante cientos de estudiantes y cargos regionales del PP, informa Efe.
Antes de la charla, decenas de universitarios se manifestaron con una pancarta en la que se leía «Aznar, criminal de guerra», mientras coreaban consignas como «Aznar, fascista, tú eres el terrorista». El ex presidente entró por la puerta de atrás y fue recibido con aplausos y gritos de «presidente» para contrarrestar los silbidos de los manifestantes. Sin embargo, fue interrumpido a lo largo de su discurso por varios jóvenes que le llamaron «asesino» o «criminal». Estas interrupciones fueron respondidas por Aznar con frases como «no pueden vivir sin mí».
Concluida la conferencia, cuando Aznar salía del Aula Magna, el ex presidente se paró desafiante ante algunos de los que protestaban y les hizo un gesto despectivo con el dedo de su mano izquierda.
El gesto recabó críticas. El senador del PNV Iñaki Anasagasti aseguró que muestra «el estado de ánimo» de Aznar, que está «cabreado y vive en una situación de resentimiento». El secretario de Ciudades del PSOE, Antonio Hernando, dijo que, «con su rencor, no perjudica al Gobierno, sino a España y a los españoles». Desde el PP, el ex jefe del Ejecutivo recibió muestras de apoyo. El alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo, pidió al Ejecutivo que detenga a los jóvenes que protestaron. El vicesecretario de Comunicación del PP, Esteban González Pons, excusó el gesto grosero y lo atribuyó a la «discordia» que el PSOE ha sembrado. La alcaldesa de Lizarza, la popular Regina Otaola, les tachó de «cuatro anormales» que con esa actitud demuestran que son unos «dictadores»