LAS CUATRO ESQUINAS21/01/2012FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS
Wilman Villar fallece en prisión Otro crimen de la dictadura cubana Se llamaba y se llamará siempre Wilman Villar Mendoza. Estaba casado y tenía dos hijas de cuatro y siete años. Era hijo de otro luchador por la libertad de Cuba, que también murió en la cárcel. En noviembre, los jueces de la tiranía lo condenaron a cuatro años de cárcel por «desacato a la autoridad», fórmula habitual contra los disidentes.
Wilman se puso en huelga de hambre y lo han dejado morir, pese a que el Estado lo tenía bajo su protección. Acreditando aún más su vileza, los esbirros castristas no dejaron a su viuda, Maritza Pelegrino Cabral, ver el cadáver: «¿Para qué, si ya está muerto?».
En unas declaraciones conmovedoras a esRadio, Maritza contó cómo se encaró y llamó por su nombre, o sea, «asesinos», a esa hez de uniforme en que se apoya el régimen.
Tras la muerte de Orlando Zapata Tamayo y la agónica huelga de hambre de Fariñas (detenido de nuevo), Wilman Villar Mendoza es ya otro mártir de la lucha por la libertad en Cuba.
Oliver Stone nunca rodará su biografía con Sean Penn, ni siquiera con Willy Toledo; y es indudable que sin tantos cómplices no durarían tanto los criminales.
Gran 'ingenio' contra la crisis Belloch, ahorrar derrochandoJuan Alberto Belloch, alcalde de Zaragoza, ha inventado una forma nueva de ahorrar: derrochar. La era d.C.a.B (después de Cristo, pero antes de Belloch) creía ingenuamente que bastaba con gastar menos, a ser posible nada, cuando las deudas ahogaban a la familia o a la empresa. Era un estadio primitivo en la evolución de la especie, una versión económica del pensamiento mágico propio de la civilización de Atapuerca y otros asentamientos caníbales. Era como intentar que se encendiese el fuego invocando al rayo: una lotería cósmica. En cambio, la era d.C.d.B. (después de Cristo, después de Belloch) añade al análisis la prospección científica, garantía de eficacia. El alcalde de Zaragoza se disponía a cortar 20 millones de euros en el gasto municipal, y requirió a una consultora internacional, Price Waterhouse Coopers para orientarle en tarea tan delicada: la consultora cobraría dos millones de euros si mostraba una vía segura para ahorrar 20. En realidad, 22, para que salgan las cuentas. Lo sorprendente es que el Ayuntamiento deba 800 millones y Belloch sólo quiera ahorrar 20. ¡Estos sabios distraídos!
Juicio en el Tribunal Supremo Garzón o la caída de un dios menor El primer juicio de los tres por prevaricación que aguardan a Baltasar Garzón ha quedado visto para sentencia en el Tribunal Supremo.
Los testimonios policiales han acreditado que el juez vulneró el derecho a la defensa de los detenidos en el caso Gürtel y que, tal vez buscando un rédito político inmediato, grabó todas las conversaciones abogado-cliente y usó esas grabaciones para instruir la causa. El juicio, como no podía ser menos tratándose de Garzón, tuvo momentos de astracanada: el primer día se disfrazó con la toga de abogado para eludir la condición de acusado, afirmó una cosa y la contraria, negó la evidencia y se puso en evidencia, proclamó que para evitar el blanqueo de capitales no tuvo más remedio que actuar saltándose la ley y, al mismo tiempo, que no se había saltado ley alguna.
Hasta presumió de haber «garantizado el derecho a la defensa» cuando lo vulneraba. Con su aflautada voz presa de la afonía, su deposición sonora se pareció a la conceptual: penosa.
Pero en el presidente y algún testigo se advirtió el pánico que este diosecillo menor ha sembrado en los juzgados durante dos décadas.
Polémico cierre de Megaupload La guerra en internet, abiertaAunque la acción del FBI al asaltar y cerrar dos oficinas de Megaupload haya contado con la inestimable ayuda visual de Kim Schmitz, el veterano estafador que la creó y que es un malo menos sutil que los del cine de Corea del Norte, la guerra en internet acaba de empezar. Las protestas de los usuarios cuyos archivos privados han sido incautados por el Gobierno ha provocado el aplazamiento de la votación en el Senado de la SOPA, que es una de tantas versiones de la aquí llamada Ley Sinde, aunque debería ser llamada Sindewert. El primer efecto del cierre de Megaupload ha sido pues el freno a la aprobación de la SOPA en la Cámara Alta. Marco Rubio, figura emergente del partido republicano y que la había apoyado, ha reconocido que las protestas de miles de ciudadanos están fundamentadas y obligan a reflexionar. Y lo mismo sucede entre los demócratas, empezando por Obama, que debe elegir entre el apoyo electoral de Hollywood y el de Silicon Valley, entre las majors y Google. El problema político de fondo es que en los USA se cumple la ley pero se desconfía del poder del Estado. (Continuará).
EL CORREO CATALÁN21/01/2012 ARCADI ESPADACuando se mataba poco y mal
Querido J:
Algunas mañanas hablo con un periodista de leyenda. No es fácil. La crisis de las leyendas aún es más grave. El asunto central de nuestras conversaciones suele ser aquel Budapest de 1944, sobre el que ya sabes que escribo un libro. Él estuvo allí con 25 años. Era un viejo: con 17 ya había viajado a la Alemania de Hitler y de Eugenio Montes. Luego fundó El Caso. Luego desveló Matesa. Un periodista. Eugenio Suárez vive en la playa de Salinas. Tiene 92 años y para ayudarlos se da cada tanto un chute de oxígeno. Debe de ser el aire embotellado que le deja la cabeza tan clara y el ánimo tan limpio. Una mañana fui a verle a Salinas y creo que bebía algo de frutos rojos, campari.
Hoy lo llamé porque El Caso cumple 60 años, Juan Rada acaba de publicar una antología de sus portadas con un informado prólogo, y la noche anterior, pensando ya en la carta, había leído los capítulos alusivos a la revista de su libro Caso cerrado. Memorias de un antifranquista arrepentido (Oberón, 2005). En ese libro (cuyo subtítulo habría mejorado llamándose Memorias de un arrepentido) hay páginas antológicas. Por ejemplo, las que dibujan al policía Viqueira, por cuyo conocimiento se le ocurrió a Suárez fundar el semanario. Otea este Madrid del verano de los 50: «El convicto inteligente, la calle solitaria, el sol cayendo a plomo y veinte metros detrás, el cazador paciente, infatigable, despiadado, Viqueira.»
Suárez quería hacer filosofía. Como Gaziel. Eso dicen todos. Trabajaba en el diario Madrid y un día le mandaron a ocuparse del crimen de Monchito, que había matado a la esposa de su patrón con un destornillador. Era raro que pasaran esas cosas, porque en España ya había pasado todo. Así conoció a Viqueira, el comisario del distrito centro, que se encargó de llevar a Monchito al pie del garrote vil. Habló con él muchas noches. Viqueira había sido policía durante la República y tenía una memoria turbia y remota. Así que Suárez se enganchó al asunto. Logró el dinero de los Montiel (los del periódico Ahora, el de nuestro Chaves) y el 11 de mayo de 1952 salió el primer número de El Caso. Hay varios textos sobre el semanario. Uno, el mejor, según el propio Suárez, lo escribió en francés Marie Franco, Le sang et la vertue, y lo editó la Casa de Velázquez. He estado hojeándolo y tiene una presencia magnífica. Está lo de Rada, reciente, que ya te he comentado. Y lo que ha escrito el propio Suárez en libros y periódicos. Pero yo tengo ahora su inteligencia vivísima y generosa al teléfono. Y sin concesiones. Si uno se exhibe de inicio, chicuelino, con una pregunta tipo, qué España sale de El Caso, contesta:
- Qué sé yo de eso. Eso es como si tú le preguntaras al soldado qué es la guerra. Nosotros estábamos allí, en los cincuenta.
- Distribuyendo tajantemente el bien y el mal. No te creas que me disgusta, ¿eh?
- No sé. Teníamos nuestro público. Dábamos mucho a los gitanos, es verdad. ¡Pero, chico, lo pedía el público!
A las cuatro semanas un tranvía se fue de vías en el Puente de Toledo. Murieron madrileños a docenas. Un fotógrafo de El Caso pasaba por allí. Todo lo fotografió. Impasible, como debe ser. Pero el alcalde, don José Moreno Torres, conde de Santa Marta de Babio, se plantó desde la primera sangre en el despacho del jefe de Censura. Cuando le desautorizaron texto y fotos, Suárez empezó a entrar y salir de los despachos, como una fiera. El último, el del director general de Prensa, Juan Aparicio, el mismo hombre que lo había mandado a Budapest para sacárselo de encima, según confesión propia y tardía. Fue abandonando airado y vencido el despacho de Aparicio cuando pronunció Suárez la frase inmortal:
- ¡Y para esto hemos muerto un millón de españoles!
Es la clave que explica su éxito. Él era, entonces, un franquista arrepentido. Y conocía las costuras como el piojo. Hay cosas que sólo se pueden hacer desde dentro. Te bastará saber cómo consiguió doblegar al ministro Gabriel Arias Salgado en otra tarde de desespero. El ministro había decretado el cierre del semanario. En realidad, y según otra de las confesiones de Aparicio (a lo visto un hombre aún más descargado de conciencia que Laín Entralgo), sólo lo habían autorizado porque creían que no iba a leerlo nadie. El éxito les confundió y empezaron a poner problemas. Uno de los más sensacionales fue el cupo de sangre: primero les autorizaron dos asesinatos por semana; luego sólo uno. En este punto te habría gustado escuchar el lúcido cinismo de Suárez:
- En realidad, eso del cupo nos salvó. Entonces, en España, se mataba poco y mal. Pero el cupo nos evitó el no saber a qué crimen quedarnos y concentrar en uno todas nuestras energías.
Cuando el cupo no les bastó, se decidieron por el cierre. Volaba Suárez por los despachos. Hasta que se le ocurrió que lo único que podía hacer desistir al meapilas era el agua bendita. Se plantó ante el presidente del tribunal eclesiástico, don Moisés García Torres, y le dijo que El Caso quería someterse a la censura eclesiástica. El hombre meditó, rezó y aceptó. Voló Suárez de nuevo. Le dejaron el papelito eclesiástico sobre la mesa a Arias Salgado, éste lo leyó, levantó la vista y dijo que sí, y que no le volvieran a hablar del asunto. El Caso fue a partir de entonces sangre bendecida.
De todas las historias, sin embargo, por las que Suárez viaja, ninguna como la de sus lectores agrícolas. Los archivos del semanario se perdieron y nadie puede traer esas cartas. Pero existieron, y más de una.
- Cuando se acercaba el tiempo de la cosecha, recibíamos algunas cartas de suscriptores del campo. Piensa que El Caso llegaba a lugares donde nunca había llegado un papel escrito; que alguna gente aprendió a leer por él y con él; que el que sabía reunía a los vecinos y les leía la revista entera. Bien: lo cierto es que nos pedían darse de baja por seis semanas, hasta que acabaran de cosechar.
Se deduce que comprar el semanario no era cualquier cosa. ¿En qué estado llegarían esas gentes a casa, tras una jornada de cosecha, que ni sentarse a la lectura podían?
Otros suscriptores eran Cela, Goytisolo y Robert Graves.
Sigue con salud
A.
LA POLÉMICA NACIONAL21/01/2012 VÍCTOR DE LA SERNA Víctima de sí mismo, o de los más negros intereses
Un editorial de El País dejaba claro por qué, en su opinión, Baltasar Garzón está siendo juzgado: los corruptos (y, de paso, José María Aznar) son culpables: «No deja de ser preocupante, como síntoma de una justicia al revés, que los presuntos delincuentes logren sentar en el banquillo al juez que los investiga (...). No es sorprendente, sin embargo, que ello le ocurra (...) en relación con el caso Gürtel. El juez que puso en marcha la investigación de esta trama de corrupción se encontró desde muy pronto con la enemiga declarada del entorno político de los investigados, cargos autonómicos y municipales del Partido Popular, aunque sin excluir a la propia dirección nacional. El cerebro de la trama, Francisco Correa, había merecido ser invitado a la boda de la hija del entonces presidente del Gobierno, José María Aznar».
Replicaba en ABCJosé María Carrascal: «No es víctima de una conjura contra él. Es víctima de su propia precipitación, ambición y tendencia a lo que los anglosajones llaman to cut corners, buscar atajos para alcanzar el objetivo deseado». Y remachaba, en un editorial, el diario de Vocento: «No fue cierto que 'previniera', como decía en sus autos, el derecho de defensa, porque desde el momento en que la Policía pudo oír las conversaciones entre abogado y defendido, ese derecho quedó herido de muerte. Incluso se ha sabido en el juicio oral que fue una fiscal la que depuró las grabaciones, actuación de suma gravedad que merece una explicación»
Desde el otro bando, José Yoldi, en El País: «Imagine a un tipo con un revólver en la sien y apretando el gatillo una, dos y hasta tres veces. Así se debe de sentir el juez Baltasar Garzón ante los tres procesos sucesivos por los que le van a juzgar en el Tribunal Supremo. Solo que la bala imaginaria de ese revólver va a acabar con su carrera como juez». (La metáfora no queda muy clara. ¿O es desliz freudiano que Yoldi diga que es Garzón quien aprieta el gatillo?).
Manuel Martín Ferrand, otra vez en ABC, regresaba a la génesis del fenómeno: «Cuando se habla de la necesaria separación de poderes, ¿cabe un caso más claro de tránsito vertiginoso de uno a los otros dos? De ahí viene un exceso que, impulsado por un afán incontrolado de notoriedad pública, nos conduce al Garzón que se sienta en el banquillo».
Por su parte, Ramón Cotarelo, del consejo editorial de Público, se adelantaba al fallo judicial: «Está claro que cuando no hay apoyo moral y lo jurídico se refugia en formalismos, no se hace justicia. (...) El condenado podrá acudir al Tribunal Constitucional, al de Estrasburgo y a la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Un escándalo que probará la falta de juicio del juicio».
Justicia viciada por otros motivos, para Román Cendoya, en la Gaceta: «Para hacer más daño a la institución judicial, [Garzón] ha afirmado que 'en ningún momento' la Fiscalía cuestionó las medidas que él acordó en el curso de esta investigación. Menuda razón. A él, como a las fiscales y al ex ministro de Justicia que pululaba por la misma cacería, les importaba muy poco el delito y mucho el beneficio y favor político».
>PRIMER JUICIO DEL MAGISTRADO GARZÓN
Pocos casos se pueden hallar en la vida pública y periodística de España con mayor grado de polémica, de radical polarización, que el del magistrado Baltasar Garzón y los tres juicios contra él que ha de afrontar en el Supremo: o víctima de la corrupción y la reacción, o desahogado que justifica sus curiosos medios por sus nobles fines.
ZONA FRANCA21/01/2012 GINA MONTANERUn milagro para Cuba
Sabíamos que estaba grave. Que agonizaba en un hospital de Santiago de Cuba. Que su destino estaba fatalmente ligado al de otros presos de conciencia cubanos que han muerto en huelgas de hambre contra la dictadura castrista. Todo eso sabíamos. Pero cuando nos llegó como un tsunami en Twitter la noticia del fallecimiento del disidente Wilman Villar Mendoza, nos sacudió como la primera vez. Sólo que ya no recordábamos cuando fue aquella primera vez que nos dolió tanto la aniquilación de un opositor encerrado en las siniestras mazmorras del presidio político de la isla.
Hagamos memoria. ¿Acaso invocamos el alma de Pedro Luis Boitel hace ya cuatro décadas? ¿O la mañana de 2010 que amaneció helada como el cuerpo inerte de Orlando Zapata Tamayo? ¿O es que hablamos del corazón con que vivió la Dama de Blanco Laura Pollán antes de agonizar en otro triste hospital donde sus verdugos la dejaron morir? Son tantos presos, tantas muertes, tantas fugas en estos 53 interminables largos años, que cuando la noche de este 19 de enero Twitter se transformó en una negra orla que lloraba a Wilman Villar, ya habíamos perdido la cuenta de las víctimas de la más longeva satrapía que pervive en Occidente. Sencillamente los mensajes de 140 caracteres rugieron en el espacio cibernético como una conjura fraterna para resucitar a Wilman y reunirlo de nuevo con su esposa Maritza, a quien durante horas las autoridades no le dejaron ver el cadáver todavía tibio del difunto.
La bloguera Yoani Sánchez, que es la sirena y el faro en medio de la oscuridad en la que navegan los cubanos, lanzó un lamento sin voz pero contundente: ¿cuántos compatriotas tienen que morir antes de que acabe esta pesadilla? Esta vez la invocación era por Wilman Villar, cuyo único crimen fue manifestarse en la localidad de Contramaestre el pasado 2 de noviembre, junto a un puñado de activistas de la Unión Patriótica Cubana. El vídeo de la protesta existe en YouTube y en él se puede ver a un reducido grupo que se atreve a marchar en una desvencijada calle al grito de «libertad». Y luego vino el juicio a puerta cerrada. La condena a cuatro años de prisión. El encierro en la temida prisión de Aguadores. Los abusos y atropellos de los cancerberos. Y Wilman, con esa entereza heroica y suicida del que ya no tiene nada que perder salvo su propia dignidad, negado a vestir el uniforme de preso común. Las palizas. La celda de castigo y desnudo. Finalmente, la huelga de hambre y la pregunta inevitable que Primo Levi se hizo en Auschwitz: ¿Si esto es un hombre?
Wilman Villar Mendoza era joven, pero tenía la certeza de que un país como Cuba, ese inmenso campo de concentración, es una cruel mentira lo de tener toda la vida por delante, porque el horizonte no es nada más que los cuatrocientos golpes de un mar que es el muro de la vergüenza antes de alcanzar la libertad. Y así es como Zapata Tamayo, Laura Pollán o Villar sólo vieron la ráfaga del martirologio como la única salida posible a ese golpe seco y certero que a diario propina el totalitarismo. Golpes tan fuertes como la ira de Dios.
A los 31 años Wilman Villar Mendoza sucumbió solo y sin testigos. Nunca sabremos cuánto le hicieron sufrir. Cuando ya era otro disidente muerto en la larga lista de los que se han sacrificado por la libertad, los médicos se limitaron a decir «sólo un milagro lo habría podido salvar». Dios. Sólo un milagro salvará a Cuba de este naufragio que no cesa.
PASADO MAÑANA21/01/2012 ERNESTO SÁENZ DE BURUAGA El capitán y la rubia
Su nombre es Francesco Schettino. De profesión, hasta hace unos días, capitán de la marina mercante italiana. Un insensato que con su negligencia convirtió un viaje de placer en una pesadilla. Les propongo, como ejercicio de entretenimiento hoy sábado, que repasen la historia de personajes que esta semana han pasado por los titulares de nuestro periódico. Pongan a su favorito, una pizca de maldad, otra de imaginación, y comparen con la odisea del apuesto capitán. No crean que estar al borde del precipicio es tan difícil. Volvamos al barco.
En el puente de mando no debería de estar a la hora del accidente ni el grumete, porque la tecnología actual percibe hasta un pez cerca del casco. ¿Y que hacían el primer oficial y el segundo o cualquier tripulante cualificado? Si el capitán toma copas debieron de pensar que también esa sería su obligación a la hora de la cena. ¡Qué momento¡ Francesco en el restaurante, junto a una rubia despampanante que no figuraba como pasajera, pero que se sentaba con nuestro protagonista con sugerente vestido negro, largo y ceñido, y hombros al aire. ¿Quién se le podía resistir a la guapa moldava de nombre Domnica?
Pero siempre hay alguien que viene y te jode el día. Un pasajero se dio cuenta de que aquello hacía aguas. La tripulación dejaba de tontear en cubierta y dio la alarma. Pedía al pasaje que volvieran a los camarotes, porque todo estaba bajo control. Pero aquello se parecía al Titanic a la italiana. El capitán pensó que era una ordinariez dejar a la chica y en su afán por ayudarla, se fugó en el bote. Ya desde tierra hablaba con la comandancia. Un militar, muy serio, le preguntaba que cómo iba la evacuación. Francesco, que sólo tenía ojos para la rubia, preguntó a la comandancia por el número de muertos. El oficial portuario le contesto escandalizado. «Eso debería decírmelo usted. ¿Quiere irse a casa? Vuelva al barco». No volvió. Francesco fue a la cárcel. Domnica a contarlo en la TV y a hacer caja. ¿Ya tienen a su personaje? Pues hay que preguntarse cómo es posible que, a veces, con todo a favor, se cambie el rumbo para saludar a la madre del maître, poniendo en peligro a la compañía, al barco y a los pasajeros. ¡Ah! y no me refiero a Mourinho.
apunte lego21/01/2012 JULIO MIRAVALLS Fuera libros de la mochila
En la majestuosa Librería del Congreso de Washington se puede admirar una Biblia impresa por Gutemberg y otros valiosos incunables. Pronto se verán en vitrinas viejos libros en edición de bolsillo, impresos en papel gris oscuro y letra enana. Objetos extinguidos, como los papiros egipcios y las tablillas sumerias.
La captura del barco pirata Megaupload, el jueves, ha eclipsado el casi simultáneo anuncio cargado de ambición de Apple, «la reinvención del libro de texto» como otro formato digital. El asalto al territorio de la enseñanza, en la era de los cachorros plenamente nativos digitales.
Apple entra de nuevo en un terreno que ya pisaban otros, pero con un enfoque distinto. En los últimos años, el Gobierno ZP y las autonomías han gastado millones de euros en ferretería para digitalizar las aulas escolares. Han invertido mucho en pizarras electrónicas, portátiles y netbooks, y de paso han ayudado a salvar las cifras de ventas de algunos fabricantes en malos tiempos.
Los herederos de Jobs entran por otra puerta, la de los contenidos, sin poner mayor énfasis en el hardware. El iPad ya está ahí, dejan caer. No necesitan decir más. La oferta son los libros. Otra manera de presentar los textos de estudio, con gráficos interactivos, vídeos, captura de texto para notas y reacción directa a los dedos sobre la pantalla. Ya está disponible: se actualiza la aplicación de iBook en el iPad y ya puede descargarse, como muestra gratis, el libro de ciencias naturales Life on Earth.
Pero si se trata de contenidos, la batalla será, al menos en España, con los editores de libros de texto. Un lobby poderoso, con tres grandes imperios, Anaya, Santillana y SM, que controlan precios, contenidos homologados y condiciones de edición y distribución. Tienen agarrados a los colegios con sus libros de precios elevados, que raramente sirven de un hermano a otro, aunque sigan cursos consecutivos, porque suelen incluir material práctico para escribir sobre las propias páginas.
Hay una lógica aplastante en la propuesta de Apple. Un nuevo concepto de libro, que entra por los ojos y por los dedos. Y un artefacto de 600 gramos, que pesa por sí mismo menos que cada uno de los cuatro o cinco libros que un crío suele llevar en la mochila. ¿Quién se resiste?
El mayor inconveniente es el carácter propietario de la tecnología. ¿Hay que ponerle un iPad a cada niño? Apple siempre ha jugado la carta de las soluciones cerradas. Los contenidos son lo importante, pero sólo valen para su hardware.
Sería preferible una solución de estándar abierto, pero ese no es el problema de Apple, claro, que se ocupa de su negocio y espera volver a marcar tendencia. Se abre un camino y los responsables políticos de la educación, y fabricantes de otras tabletas, tendrán que pensar cómo transitarlo. Y el papel, al museo.
A DIESTRA Y SINIESTRA21/01/2012 DAVID TORRESNaufragios de lujo
EL HOMBRE es el único animal que tropieza dos veces con el mismo iceberg. Y con el mismo sistema financiero. Para conmemorar el centenario del hundimiento del Titanic, el capitán Schettino decidió saludar a un amigote que vivía ahí cerca y pasó rozando la costa italiana con su trasatlántico como quien lleva una Vespa y toca la bocina. Total, el Costa Concordia ya había hecho la misma temeridad 52 veces y nunca había pasado nada. Ni una multa, ni una advertencia, ni un tirón de orejas. Es posible que el capitán al mando creyese que a la de cien iba la vencida, y que la naviera y las autoridades navales iban a regalarle una cubertería.
El desastre rebosa tal cantidad de infracciones y estupideces que resulta imposible parodiarlo. Salvo por los muertos, la historia del Costa Concordia podría haberse inspirado en un episodio de Vacaciones en el mar, aquella serie empalagosa en la que el capitán se pasaba el día cenando, el médico era ginecólogo cum laude y el sobrecargo se llamaba así porque, en efecto, le sobraba el cargo. En ese paraíso flotante la sal del mar sustituía al viagra, los viejos eran jóvenes, los ricos buena gente y nadie daba palo al agua. En los entresijos del navío debía de trabajar algún desgraciado pero el gran orgullo de la serie es que jamás se vio un fogonero ni de lejos.
El naufragio de lujo, con su utopía clasista y su maquinaria invisible (la superestructura y la estructura, según Marx) ha sido desde siempre la mejor metáfora del capitalismo. Schettino la ha escenificado saltándose a la torera todas las leyes náuticas, navegando al estilo mercado libre, como uno de esos millonarios bestiales que hunde su banco y se sube al bote salvavidas mientras se van ahogando uno a uno los pánfilos que le confiaron sus ahorros. En la ley del mar, el capitán es el responsable de las vidas a bordo, pero en el sindiós de las finanzas la culpa siempre es de los ahogados, por tontos, por nadar sin guardar la ropa. La economía no obedece otra ley que la de la gravedad: la de las familias desahuciadas, los países en quiebra y los hospitales a media asta, sacrificados sólo para que no falte el caviar en primera clase. Si algo hemos aprendido del naufragio bursátil es que hasta con los restos de los muertos se hace negocio.
El desastre del Costa Concordia ilustra la urgencia de guardar nuestros ahorros en compartimentos estancos. Volver a los colchones y prescindir de los bancos, como en los tiempos del Titanic. La primera vez sucede como tragedia y la segunda como farsa. A la de cien, irá la vencida.
AJUSTE DE CUENTAS21/01/2012 JOHN MÜLLER Rajoy, su Gobierno y el síndrome del 'Prestige'
Hay muchas interpretaciones sobre el estilo de gobierno de Mariano Rajoy. Hay personas que dicen tener amistad con él que, entre bromas y veras, afirman que en su Ejecutivo ha reproducido el esquema de la oficina de un registrador: «Arriba el registrador, debajo el primer oficial -que sería Sáenz de Santamaría- que controla a todos, y él sólo está para la firma». Esta imagen encajaría con la versión que los caricaturistas han difundido de un Rajoy atrincherado en la hamaca y fumándose un puro. Pero la risa nos hurta el análisis.
Rajoy es un político muy veterano y sabe bien cómo funcionan casi todas las estructuras políticas. También es un maestro consumado del relativismo galaico, porque como él dice, «nada es para siempre». Pero hay una experiencia en su carrera política que lo marcó con fuerza y fue la catástrofe del Prestige, en noviembre de 2002. Entonces era vicepresidente de Aznar y recibió la orden de gestionar la comunicación de la crisis. Provocó el pitorreo general con aquello de los «hilillos» que salían del casco hundido del petrolero.
Rajoy analizó ese episodio varias veces y llegó a la conclusión de que su error fue no haber tenido un experto solvente a su lado. Comparaba el Prestige con la crisis de las vacas locas que afrontó Miguel Arias Cañete y decía que a él le había faltado en Galicia «un Badiola que explicara las cosas», en referencia al director del Centro Nacional de Referencia de la enfermedad.
Consciente de que hoy su Prestige es la economía, Rajoy se ha rodeado de ministros que saben mucho de esto, un verdadero cinturón de hierro. Ahí están Montoro, DeGuindos, pero también García-Margallo, Arias Cañete, y Soria, que está resultando ser una revelación desde el punto de vista de la comunicación. Y no se puede decir que la economía sea extraña para Ana Pastor, Fátima Báñez, Pedro Morenés o José Ignacio Wert. Los más ajenos a esta materia son Sáenz de Santamaría, Mato, Fernández y Ruiz-Gallardón.
Pero al reservarse para sí la jefatura económica del Gobierno y convertirse en el responsable de zanjar la bicefalia que todos han advertido entre Montoro y De Guindos -fruto del aborto de una vicepresidencia que no cuajó-, Rajoy se situó voluntariamente bajo los focos. Y una cosa es querer apoyarse en expertos y otra es convertir la incomparecencia en estilo de gobierno. Más aún si la ausencia constante del líder puede afectar a la credibilidad del discurso básico del Ejecutivo, como quedó patente ayer cuando el ministro de Hacienda puso en duda el cumplimiento del objetivo de déficit y el de Economía se inmiscuyó en un campo que conoce pero no le toca.
Muy desconcertantes han sido también dos declaraciones de Rajoy. Una cuando dijo a Efe que él estaba aquí para «dar la cara y no esconderse» (después de 11 días desaparecido) y otra cuando señaló junto a Sarkozy que había demostrado que se pueden ganar unas elecciones «diciendo lo que uno piensa y lo que va a hacer» (pese a que nunca dijo que subiría el IRPF). La contradicción es tan flagrante que surgen dudas sobre la integridad de los mensajes. Y eso no es bueno para un Rajoy que lo que quiere es generar confianza y no mancharse en el chapapote.
john.muller@elmundo.es
La utopía es bella
CRISTÓBAL MONTORO / TOMMASO CAMPANELLA
PEDRO G. CUARTANGO
La historia está llena de pensadores utópicos. El fraile dominico Tommaso Campanella soñó con su famosa Ciudad del Sol, una comuna de siete círculos situada en la remota isla de Ceylán. Fue condenado a muerte por la Inquisición, aunque logró evitar la hoguera fingiendo que estaba loco. Pero ahí queda su bella metáfora de un mundo perfecto que luego inspiraría a tantos artistas y escritores.
Uno de los más entusiastas seguidores de Campanella es Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda, que esta semana nos ha sorprendido con dos propuestas que superan a la imaginaria Ciudad del Sol. Montoro ha dicho que las comunidades que no cumplan con sus compromisos presupuestarios serán castigadas con multas. Y también ha anunciado que el Gobierno reformará la ley para sancionar penalmente a los políticos que gasten más de lo autorizado.
Ni siquiera Campanella se atrevió a dejar volar su imaginación tan alto y eso que creía en una urbe sin propiedad privada, gobernada por sabios y dedicada al perfeccionamiento espiritual. Lo que propone Montoro es algo tan quimérico como esa Ciudad del Sol, cuyos habitantes viven guiados por los designios de la Razón. Que una comunidad pueda ser multada por gastar en exceso o que un político vaya a la cárcel por despilfarro no lo verán ni nuestros nietos. Pero tal vez dentro de 300 o 400 años el sueño pueda convertirse en realidad. Ya en 1611 el fraile de Calabria escribía que en la Ciudad del Sol se había inventado un barco que funcionaba de forma mecánica sin necesidad de velas. Hoy aquel artilugio infernal es realidad.
Montoro no es un político al uso. Es un visionario adelantado a su tiempo. Y eso es de agradecer en un Gobierno como el de Rajoy, que no se caracteriza precisamente por su entusiasmo por los grandes utopías. El único riesgo que corre es que le tomen por loco, como le sucedió a Campanella, hoy ignorado pero uno de los filósofos que mayor influencia ha ejercido en el pensamiento occidental.
Campanella, que se había inspirado en Platón y Tomás Moro, propugnaba que los sabios que gobernaban los siete círculos concéntricos del conocimiento, coronados por un monumento al Sol, tuvieran la potestad de emparejar a los hombres y las mujeres y luego educar a sus hijos de forma colectiva.
No sabemos si Montoro es partidario de este comunismo utópico. Tal vez vaya a obligar a los españoles a emparejarse según sus declaraciones sobre la renta o a llevar a los consejeros de las autonomías a la Ciudad del Sol para que aprendan el arte de la gobernanza. Cualquier cosa es posible en estos tiempos.
Montoro necesita 40.000 millones de euros para cuadrar las cuentas en unos momentos en los que la economía va de cabeza hacia una nueva recesión que nos puede colocar con seis millones de parados. Esa es la dura realidad, pero comprendo que el ministro de Hacienda se sienta tentado a soñar con la utopía cuando lo que vemos a nuestro alrededor es tierra quemada. Siempre nos quedarán los sueños.
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